La situación de  estas compras multitudinarias se explica por la escasez en los anaqueles venezolanos

Solo compras mínimas de productos básicos por frontera del Táchira (+Video)

Otra vez más de cincuenta mil venezolanos pasaron la frontera para comprar comida
Otra vez más de cincuenta mil venezolanos pasaron la frontera para comprar comida

Las autoridades colombianas y venezolanas analizan un tope en dinero de la cantidad de mercado que podrán transportar los viajeros.

Jorge Franco, el cantante llanero de barrio Llano Jorge (San Antonio), quien este domingo les cantó, en ritmo de trova a los pueblos de Venezuela y Colombia en la mitad del puente internacional Simón Bolívar, insistió en su mensaje en que entre dos naciones hermanas no puede haber divisiones.

En medio del sol canicular que reinaba hacia el mediodía, Franco reclamó  que la frontera se había abierto para pasar el puente caminando, pero que ahora faltaba el transporte para gozar de una integración plena.

Este fue el ambiente que se vivió en el segundo día de apertura de la frontera, en una jornada que transcurrió a ambos lados dentro de la más completa normalidad, con un flujo de personas ingresando hacia Colombia en una cifra que, según la Policía, superó las 25.000.

En total, el paso en ambos sentidos superó las 58.000 personas, en el segundo día de apertura de la frontera, según Migración Colombia. (Lea también Por San Antonio salieron muchos, pero entraron pocos)

En medio de la algarabía desatada por las trovas de Franco, una flotilla de carreteros aguardaba en fila la llegada de clientes para transportarles sus mercados que llevaban desde el área metropolitana de Cúcuta hasta sus casas en San Antonio del Táchira.

“Estamos confiados en que con la apertura de la frontera se va a componer nuestra economía”, dijo Abelardo Cuesta, quien manifestó que por cada mercado que transporta cobra 1000 bolívares, es decir, 2.400 pesos  colombianos.

Las autoridades manifestaron a La Opinión que el paso por los tres puentes autorizados, Unión, Francisco de Paula Santander y Simón Bolívar se cumplió de manera ordenada y sin los traumatismos del primer día.

Sin embargo, la pregunta que se hacían ayer venezolanos y colombiano es: ¿qué sigue ahora?, ¿cuándo quedará restablecida la integración? de la que habla Franco en su trova.

La Opinión les trasladó estas inquietudes a las autoridades nacionales que tienen que ver con el tema de la frontera.

Canasta básica

En cuanto a la salida e ingreso de productos por los pasos autorizados, Claudia Gaviria, directora de Gestión de Aduanas Colombia (Dian), respondió que en esta primera fase del paso peatonal solo se permitirán compras mínimas para el consumo básico de las familias. (Lea además Venezolanos aprovecharon reapertura de la frontera para abastecerse)

Sin embargo, en cuanto a la Canasta básica que se podrá ingresar y sacar del país, la funcionaria señaló que a Venezuela se le presentó una propuesta de lo que se podrá mover por la frontera y se está a la espera de una respuesta del ministerio de Comercio del vecino país, la cual se conocerá en la presente semana.

Productos como arroz, papa, aceite, carne y de aseo personal, entre otros, hacen parte de la propuesta de Colombia, la cual tiene un tope de cuatro salarios mínimos ($2.757.816), precisó Gaviria.

Una vez acordada una canasta básica para los dos países, los productos que no estén en la lista y sean aprehendidos por las autoridades aduaneras colombianas, tal como lo estipula la legislación nacional, serán donados, destruidos o entregados en dación de pago. No obstante, hay una propuesta de las autoridades venezolanas para que esos productos sean repatriados a través de la firma de un convenio binacional, lo cual está en discusión, dijo Gaviria.

Migración

Humberto Velásquez, subdirector de control migratorio de Migración Colombia, aclaró que la tarjeta migratoria de tránsito fronterizo provisional que se está exigiendo para el ingreso de ciudadanos venezolanos a Colombia estará vigente por espacio de un mes.

Transcurrido ese lapso, “nos vamos a reunir con el Servicio Administrativo de Identificación , Migración y Extranjería (Saime) para mirar cuál ha sido el impacto de proporción entre el pasaporte y la tarjeta.

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Dijo que es obvio que se debe pasar a la utilización de una tarjeta definitiva, en un material más sólido, la cual siempre estará atada a un registro o un enrolamiento previo y a una personalización de la tarjeta con seguridades y con zonas de lectura mecánica y de radiofrecuencia.

 A la pregunta de quién la va a expedir, Velásquez respondió que eso se está negociando con Venezuela, porque hay unos cotos se impresión y del material sustrato.

Víctor Bautista, director para el Desarrollo y la Integración Fronteriza de la Cancillería colombiana, insistió en que la primera fase de reapertura de la frontera es peatonal por los seis pasos habilitados en Paraguachón (La Guajira), Vichada, Arauca y por los puentes Francisco de Paula Santander, Simón Bolívar y Unión, este último en Puerto Santander, en el horario de  5:OO de la mañana a  8:00 de la noche.

Anunció que esta semana los ministerios de Transporte y de Comercio de los dos países discutirán la agenda de transporte y carga, lo cual permitirá en unas tres semanas tener decisiones conjuntas en estas materias.

Nada de cauchos

La Cancillería colombiana advirtió, ayer, que por los puentes y pasos habilitados en la frontera, queda prohibido llevar llantas.

El comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores dice:

“A partir de hoy, está restringido el paso de llantas para motocicletas y autos, y todo tipo de repuestos, o cualquier tipo de bienes o mercancía de prohibido ingreso al territorio nacional; medida que estará vigente hasta que los gobiernos de Colombia y Venezuela definan el listado de productos que se podrán transitar. La Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales de Colombia es la entidad encargada de revisar qué productos están entrando o saliendo del país. Solo se está permitiendo el paso de productos de la canasta básica familiar”.

Capturan a venezolano por tráfico de migrantes

Como resultado del dispositivo de seguridad que la Policía mantiene activo en la frontera con Venezuela para garantizar el normal desarrollo de la apertura de los pasos fronterizos binacionales, ayer se logró la captura en flagrancia de un venezolano por intentar ingresar de manera irregular al país a tres personas de nacionalidad cubana.

El procedimiento fue realizado por uniformados del Grupo de Reacción Cobra, cuando desplegaban acciones de control en las zonas perimetrales al puente internacional Simón Bolívar que comunica al municipio colombiano de Villa del Rosario con la localidad venezolana de San Antonio del Estado Táchira.

Los uniformados sorprendieron al hombre de 41 años, natural de San Antonio, residente en el barrio La Palmita de Villa del Rosario, cuando por la trocha La Playita del corregimiento La Parada dirigió el ingreso al territorio nacional de dos mujeres y un hombre de nacionalidad cubana.   (Tomado de La Opinión)

El conflicto del cierre de la frontera entre San Antonio y Cúcuta

Sobre el mapa, la ciudad colombiana de Cúcuta y la venezolana de San Antonio del Táchira son dos urbes diferenciadas y separadas por una frontera que, para sus ciudadanos, apenas supone una línea imaginaria que cobró vida hace un año, cuando fue cerrada.

El 19 de agosto del año pasado, cuando el presidente venezolano, Nicolás Maduro, tomó la decisión de cerrar el paso por el puente internacional Simón Bolívar, que une ambas ciudades formando una conurbación, los 650.000 habitantes de Cúcuta y los 50.000 de San Antonio supieron que comenzaban tiempos difíciles.

Muchos de ellos tienen familiares a ambos lados producto de años de coexistencia.

Algunos tienen hijos que estudian al otro lado de la frontera y la mayoría hacen negocios tanto en Venezuela como en Colombia ignorando el río Táchira, frontera natural entre los dos países que también comienza a convertirse solo en una línea azul para los cartógrafos debido a la casi total ausencia de agua.

En buena medida, esa convivencia se ha construido con base en el comercio, uno de los sustentos de la ciudad de Cúcuta.

“Cúcuta es una ciudad comercial y nos hacían falta nuestros vecinos”, comentó a Efe Edwin Tarazona, gerente de un almacén de repuestos para vehículos que estima que con el cierre de la frontera, reabierta el pasado sábado, las ventas cayeron en un 40 %.

Los vehículos son una de las muestras de los lazos que existen a ambos lados de la frontera ya que muchos circulan por Cúcuta con matrícula venezolana, si bien se percibe una reducción con respecto a los que lo hacían hace casi doce meses.

Otro cambio que se aprecia a simple vista es la desaparición de los “pimpineros”, los vendedores de gasolina de contrabando que llegaba de Venezuela, país asentado en un pozo de petróleo y donde es mucho más barata.

Tras el cierre de la frontera, los cucuteños tuvieron que afrontar una escasez de combustible que el Gobierno del presidente colombiano, Juan Manuel Santos, enfrentó llevando a la zona gasolina a precios más populares.

Cuando se reabrió la frontera, Cúcuta parecía haber superado esos problemas, si bien el freno a la llegada de combustible ilegal seguirá siendo un reto para las autoridades en los próximos meses.

Sin embargo, la cultura de la ilegalidad no ha desaparecido del todo y las célebres trochas, los senderos de montaña que usaban los contrabandistas para llevar productos de manera ilegal a uno y otro lado siguen abiertas pero con menos afluencia.

Así lo reconocen muchos ciudadanos venezolanos, que aseguran que durante el cierre fronterizo continuaban llegando a San Antonio alimentos y medicinas de Colombia que paliaban en parte el desabastecimiento que sufre la ciudad.

“Íbamos con la colaboración de las autoridades, que nos ayudaban y pasábamos con repuestos”, señaló Alfonso Martínez, un taxista de San Antonio que reconoció haber pasado en varias ocasiones la frontera de manera irregular previo soborno para surtirse de piezas que permitan mantener su carro en marcha.

Así pasaba también con los alimentos, que para muchos padres de familia solo se podían conseguir en puestos de venta irregulares que, tal y como afirmó el sanantoniense Róbinson Pérez, sufrieron notables incrementos de los precios.

El costo de los alimentos en los puestos irregulares llegó a triplicarse, explicó Pérez, que aseguró que era la única manera de sacar adelante una familia ante la escasez de productos en los supermercados venezolanos.

Según pudo constatar Efe, en la mayoría de los centros de abasto de San Antonio no hay productos básicos como harina, azúcar o aceite, lo que se agrava por el hecho de que no haya medicamentos ni artículos esenciales de higiene como papel higiénico o toallas para mujeres.

Debido a esa escasez, la reapertura de venezolanos llevó a más de 100.000 a cruzar la frontera el primer fin de semana de su reapertura, y mientras la zona comercial de San Antonio estaba desierta, la de Cúcuta bullía.

Los ciudadanos de Venezuela se agolpaban a las puertas de la frontera y eran fruto del desespero por conseguir al otro lado alimentos y medicinas, una situación opuesta a la que se vivió hace casi un año.

Entonces, alrededor de 21.000 colombianos abandonaron Venezuela, donde residían hacía años, unos expulsados y otros de manera voluntaria ante la presión de las autoridades.

Entre los ciudadanos de ambos lados se desató una especial indignación, ya que muchas de las casas de los colombianos fueron marcadas con una “D” o una “R” antes de ser derribadas.

Ahora se abre una nueva esperanza de que la situación se normalice y la frontera vuelva a ser de nuevo una mera línea en el mapa. (Agencias)

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