Carteles aterrorizantes dejaron los uniformados a su paso por las residencias

La solidaridad es el último recurso contra el terror

Los uniformados dejaron pintas en los edificios para asustar a los vecinos
Los uniformados dejaron pintas en los edificios para asustar a los vecinos

Al peor estilo de las FARC Colombianas, el Isis, Al Quaeda, o los africanos miembros de Boko Haram,  las fuerzas del orden público (Guardia Nacional Bolivariana, Sebim,y la Dirección de Inteligencia Militar), presuntamente acompañadas por colectivos armados irrumpieron en la noche del jueves en los edificios residencias  Los Olivos y Villa Latina, causando destrozos en puertas e instalaciones, destruyendo vandálicamente carros de los vecinos, amenazando  a punta de pistola a los habitantes del lugar y entrando a apartamentos luego de romper la pared a mandarriazos para llevarse detenidas  al menos a tres personas, todos jóvenes que según los uniformados participan en la guarimba del lugar.

Hecho que se produce  apenas a penas a un par de días del asesinato del joven estudiante de la UDO Augusto Puga, quien fuera baleado por agentes del orden y colectivos dentro del propio campus de la universidad, donde irrumpieron disparando a diestra y siniestra y dejando  varios heridos de disparos.   En la misma semana que se queman 51 unidades de Transbolívar de forma extraña y en que el Gobierno acusa ante Unicef a  la oposición venezolana de usar niños en sus protestas  y resta valor a  la condena que la Fiscal General hace de la represión, incluyendo la detención de los funcionarios de la Policía de Bolívar  Annel Jairo Medina Delgadillo, Gabriel Alí Centeno Navas y a Cristhiam José Arzolay, quien además era escolta del comandante de  cuerpo por ser los presuntos responsables de la muerte del estudiante.

En cada atentando que la antigua Al Quaeda, el más moderno Isis o Boko Haram realiza, en las masacres como las de iglesia de un poblado colombiano donde las Farc asesinó con granadas y morteros a los habitantes del sitio,  todos estos grupos han dejado constancia pública del hecho, bien atribuyéndoselo en videos, pintando paredes con amenazas disuasivas como en los recientes atentados de Isis en Turquía o el comentado de las FARC en la iglesia de Bojayá  en el 2002 que costó la vida a 119 personas, donde las pintas de las paredes decían “para que dejan de ser sapos y apoyar a la contrarevolución”, en la incursión de los uniformados en estas residencias en Puerto Ordaz pintaron paredes y pisos con frases como  “Dejen el peo o se acaba este edificio y sus carros”, “Inicia la guerra contra los cómplices” o “sigue guarimba” en una abierta práctica de terrorismo oficial amenazando a los ciudadanos que deben proteger.

Puertas destrozadas y miedo dejaron a su paso los uniformados en Los Olivos
Puertas destrozadas y miedo dejaron a su paso los uniformados en Los Olivos

Y esto no es solamente cosa de Guayana;  esta misma semana han ocurrido hechos similares en San Antonio de los Altos, San Fernando de Apure, Barquisimeto, San Cristóbal, Tariba, San Felipe, Mérida, Barinas y muchas otras localidades, donde las fuerzas del orden que deben protegernos amenazan a la población civil, violando el artículo 3 de nuestra Constitución que establece como fin esencial para el Estado el velar por  las personas y su dignidad, el artículo  19 que establece que “el Estado garantizará sin  discriminación alguna, el goce y ejercicio irrenunciable, indivisible e interdependiente de los derechos humanos.  Su respeto y garantía son obligaciones para los órganos del poder público de conformidad con la Constitución…”  Esto por citar sólo dos de los más de 30 artículos que consagran el respeto y protección de la ciudadanía por encima de todo.

La situación actual evidencia un estado de indefensión y violación de las normas que deja a los ciudadanos indefensos y en riesgo.   Ante esta  anómala forma de llevar y manejar un Gobierno, poco le queda a la gente por  hacer aparte de echar mano a una gran virtud de la raza humana, la solidaridad, hoy más que nunca  debemos conocer y estar en contacto con nuestros vecinos, con los habitantes de nuestro edificio, de nuestra calle, pues ante los atropellos la única fuerza que se puede oponer es la de los números, la de salir unos a defender a los otros, la de reclamar juntos nuestros derechos.   Las circunstancias  están obligando a los guayaneses y los venezolanos todos hoy más que nunca a hermanarse, a apoyarse mutuamente y a ser solidarios.  Es buen momento para que todos aprovechemos esa oportunidad.     – Gustavo Montaña

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