Los ciudadanos se oponen con hechos, acciones pacíficas y la razón, no con violencia o maldiciones

Oponerse a alguien no es odiar ni maldecir

Este es sólo uno de los 61 rostros de la tragedia en el conflicto actual
Este es sólo uno de los 61 rostros de la tragedia en el conflicto actual

En nuestra muy amada Venezuela del siglo XXI, que al 27 de mayo registraba 62 muertos desde que se iniciaron las protestas, más de 2900 detenidos y cerca de tres millares de heridos según las cifras más conservadoras, es doloroso lo que está ocurriendo, no sólo por la cantidad de personas que han sido víctimas de la represión de los entes de seguridad del Estado, que se supone deben ocuparse de proteger a los ciudadanos, de los colectivos y ahora también de gente intolerante desde las filas de la oposición, porque  fue desde allí donde le dispararon a un Guardia Nacional en Miranda.

Pero además de eso nuestro país está dividido por parcelitas de odio, rechazo y repudio que han separado padres de hijos, hermanos, familiares y amigos cercanos, trayendo a nuestra patria acosada por el hampa desbocada,  la inflación, la carencia y escasez de alimentos, repuestos, medicinas y lo que se le ocurra buscar; el terrible peso del odio y el rechazo entre la gente.

Desde el transporte público hasta la cola del banco o para comprar comida, lo único que se escucha son palabras de odio, rechazo y maldición, hacia quienes nos gobiernan  generalmente, aunque a veces también contra esa “oposición apátrida que está montada en el golpe económico y pidiendo una invasión” – ojo, estas son palabras del Presidente en uno de sus recientes discursos en cadena nacional.    Palabras en fin que destilan rabia, frustración y sobre todo condenación, no sólo para quien es objeto del odio en cuestión, sino muy especialmente para quien genera desde su cuerpo toda esa rabia.

No se trata de iniciar aquí una defensa del gobierno o de lo que hace, lo malo es malo y el pecado es pecado, y no es defendible bajo ninguna circunstancia y quien intenta hacerlo está en un error como ciudadano y como simple hijo de Dios.   De lo que se trata es de contaminarnos nosotros con la rabia, el odio y todas las cosas que eso genera no sólo en nuestro cuerpo, como la ciencia lo ha comprobado hasta el punto de recomendar evitar la rabia frecuentemente para evitar los radicales libres que generan el cáncer.   Se trata de cuidar nuestra mente y nuestro  espíritu evitando esos malos pensamientos  y esas palabras que evidencian lo que dice la Biblia en Mateo 15:11 pronunciado nada más que por Jesús de Nazaret: “No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre.”

Los ciudadanos se oponen con hechos, acciones pacíficas y la razón, no con violencia o maldiciones
Los ciudadanos se oponen con hechos, acciones pacíficas y la razón, no con violencia o maldiciones

Debemos entender que oponerse no es odiar, menos aún maldecir; oponerse es enfrentar con valor lo que consideramos es incorrecto, lo que viola las leyes o los  principios morales que compartimos como sociedad. El diccionario de la Real Academia de la lengua Española define oponerse en su primera acepción como “Poner algo contra otra cosa para entorpecer o impedir su efecto.”   En el caso que nos toca es usar nuestra capacidad ciudadana para evitar abusos de poder, violaciones de la Ley o irrespeto a nuestros derechos, comenzando por el de  la vida.

Oponerse es una decisión ética y moral que todos pueden y tienen el derecho a tomar.   A lo que no podemos darnos permiso es a odiar, a proferir palabras inadecuadas, porque ese es el primer escalón para llevarnos a la intolerancia, al irrespeto a la vida, a lo que rechazamos y condenamos de quienes violan las normas.

La violencia y el crimen deben generar oposición en cualquier sociedad
La violencia y el crimen deben generar oposición en cualquier sociedad

Oponerse es un acto de valor y como tal debe estar rodeado de virtudes para que no se convierta en un ejercicio del odio, pues eso no le ha servido a ninguna sociedad a lo largo de la historia.   Así que si usted se opone a algo, analice como lo está haciendo y enderece el rumbo si se ha desviado, porque mientras haya vida hay tiempo.  Y hoy cierro con una frase de la Biblia  del libro de Santiago: “De una misma boca salen bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así.” –   Gustavo Montaña

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