Los ambulatorios ni dan abasto ni tienen medicinas para atender los casos que hay

La epidemia del abandono

María Reyes madre del menor fallecido
María Reyes madre del menor fallecido

Esta semana, el lunes 12 concretamente,  falleció en el hospital Raúl Leoni de Guaiparo el pequeño Yeison Daniel Pérez,  de escasos 3 añitos de edad luego de que el cuadro de paludismo que le fuera diagnosticado el 9 de junio en el ambulatorio rural de Pozo Verde,  que no fue tratado oportunamente por falta de medicamentos en el centro asistencial y las propias farmacias, se complicara a niveles tales que el propio jefe del Distrito Sanitario se ocupó de trasladarlo al hospital, donde finalmente falleció.

Un caso desgarrador que enluta a una humilde familia de Guayana, diría cualquiera de entrada, pero la cosa es más grave que eso, porque sólo en la parroquia Pozo Verde se han confirmado ya cerca de 20 mil casos de paludismo, según lo ratifican los vecinos de la zona y médicos cuyos nombres no se divulgan porque en el sistema de salud los pueden botar por declarar tal, dentro de una nefasta política de ocultar información que ha sido el norte de la gestión de los últimos años en el sistema de salud pública venezolano.

La muerte de este niño es la cuarta confirmada por algunos medios de comunicación que han hecho seguimiento del caso, si bien los vecinos hablan de 10 a 15 muertes por paludismo en Pozo Verde.   Los casos son incontables, prácticamente todas las familias de la zona tienen enfermos de paludismo, registrándose además numerosos casos donde todos en un hogar sufren del mal y lo peor de la situación es que no tienen como tratarlo, porque en el ambulatorio en todo el año no han tenido tratamiento para atender a esa comunidad y el sistema de salud se hace el loco con el problema, cuando debería de existir un cerco epidemiológico en el lugar.

Los casos de paludismo en Venezuela suman cientos de miles
Los casos de paludismo en Venezuela suman cientos de miles

La parroquia rural Yocoima  vive una situación similar e incluso más grave, pues allí no funciona un ambulatorio que realice las pruebas para determinar la malaria o paludismo, mientras que más del 65 % de sus pobladores padecen los síntomas del mal, que se convierte en enfermedad recurrente que  tarde o temprano se complica con otra cosa y termina entre velorios y cafecitos que se salen de las estadísticas.    La cosa es tan grave que incluso en el casco urbano de Ciudad Guayana han muerto ya muchas personas de paludismo, como ocurrió hace pocos meses en el barrio Campo Rojo junto a la avenida principal de Castillito, donde al menos 5 personas fallecieron de ese mal y se supo que unas 250  estaban confirmadas como positivas con paludismo.

En todos estos casos las comunidades han protestado, cerrado vías y exigido la presencia y acción de las autoridades sanitarias, cosa que lamentablemente también brilla por su ausencia, porque parece que la peor epidemia que vive el estado Bolívar no son los 136 mil casos que para el 2016 se conocieron y hasta documento la revista Times, sino la epidemia de abandono en que el gobierno local, regional y nacional tiene sumida a la población, sin ocuparse de un mal que en todo el mundo ha retrocedido en un 60 % según las cifras de la Organización Mundial de la Salud, pero que aquí ha crecido a centenares de miles.

Los ambulatorios ni dan abasto ni tienen medicinas para atender los casos que hay
Los ambulatorios ni dan abasto ni tienen medicinas para atender los casos que hay

En nuestras poblaciones del sur –zona endémica históricamente- la cosa es tan grave que prácticamente en 50 % de la población padece o ha padecido el paludismo, sin contar con cifras ni remotamente confiables de cuantos pueden haber fallecido por este mal.  Con razón el Dr.  Juan José Oleta –ex ministro de salud-, dijo el año pasado que el paludismo en Venezuela era una situación de vergüenza  nacional, recordando además que en el pasado los médicos venezolanos capacitaban a los malariólogos del continente, y ahora no tienen ni remedios para enfrentar este mal, pues el Gobierno nacional se niega incluso a recibir la ayuda humanitaria médica.

La epidemia de abandono que nos ataca a todos en el país, se evidencia claramente en los muchos muertos dejados por el paludismo, pero igualmente en los muertos que deja el hambre, los más numerosos aún de la delincuencia y ahora parece que también los de la represión, porque no hay recursos para comprar medicinas o realizar unas jornadas de fumigación, pero si hay para comprar ingentes cantidades de bombas lacrimógenas en todas sus variantes y cargamentos nuevos de tanquetas para lanzarlas contra las personas.   En Venezuela necesitamos ya enfrentar esta trágica epidemia de abandono y desidia.    Gustavo Montaña

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