La estrategia de la desaparición de productos

La estrategia de la desaparición de productos

Uno de los problemas de desabastecimiento es que el Gobierno ahora vende comida
Uno de los problemas de desabastecimiento es que el Gobierno ahora vende comida

Hablar de la carestía de los productos de primera necesidad y de todo tipo – prácticamente –, casi que es una redundancia en nuestra Guayana contemporánea donde  ese es el pan nuestro de cada día, pues aquí como en ninguna otra región de Venezuela las cosas incluso son más caras, como si todos los habitantes de la zona tuviéramos una mina de oro o diamantes en el patio de nuestros hogares.

El problema además es estructural, ocurre en todas partes del país producto de una economía de guerra que se ha impuesto por el control irracional del dólar, el control de precios, y la falta absoluta de controles de los entes gubernamentales, inspecciones y fiscalización, por no hablar de la ausencia real de una protección al consumidor; agravado todo por el prurito del Gobierno de meterse en el negocio de la distribución de alimentos a través de los CLAP ahora, y toda la larga lista de fallidos intentos como los abastos Bicentenarios, mercados populares e innumerables cantidades de nombres más, que no han servido sino para generar ingentes riquezas a los responsables de los proyectos, en su casi totalidad militares.

El resultado de esto precios dolarizados de  todos los productos, comenzando por los alimentos, lo  que genera una pérdida desmedida de la capacidad de compra de todos los ciudadanos,  pues nuestros salarios siguen llegando en bolívares y aunque aumenten el mínimo 19 o más veces, simplemente se queda en el olvido frente a la canasta alimentaria que ronda el millón de bolívares.

En este proceso de destrucción de la economía nacional y familiar, la estrategia de desaparecer productos por un tiempo para luego volver a sacarlos al cabo de unas semanas con precios absolutamente nuevos ha sido acertada, pues la gente en esa  suerte de desesperación en que cae, cuando algo desaparece de su mesa, es capaz de pagar lo que sea para tenerlo de vuelta, aunque racionalmente su precio sea inaceptable e insufrible.

La estrategia de la desaparición de productos

La lista de productos es tan larga que no podemos enunciarla, basta nombrar el azúcar, los huevos que cuestan 10 mil % más que hace un año, la harina de maíz y trigo o el pollo, que deben alimentarlo con caviar y setas de la Selva Negra para que el kilo oscile entre 10 y 13 mil bolívares. La situación de los precios de los productos de primera necesidad, por hablar de algunos, es exactamente la de naciones en guerra, subidas semanales de precios, desapariciones del mercado y redes de mercado negro que en nuestra tierra llamamos “bachaqueros”, lo que suena gracioso pero no lo es, pues se trata de ventas ilegales de productos con sobreprecio ante los ojos, con el apoyo y el patrocinio de los entes de seguridad que deberían combatirlos.

 Estamos viviendo una realidad bizarra, una suerte de mundo negativo o al revés al que nos acostumbramos más de lo que deberíamos, pues lamentablemente las personas nos acostumbramos a todos, comenzando por lo malo.

Es tiempo de hacer un alto en el camino, de revisar nuestra realidad colectivamente y comenzar a actuar en contra de ella como una nación unificada, como una organización pensante a quien no manipulan desapareciendo uno o varios productos por un tiempo; debemos ser verticales en nuestras posturas, no comprarle a “bachaqueros” porque eso multiplica la carestía de todo, conformar redes ciudadanas de defensores de los precios y derechos comerciales de la gente, debemos organizarnos en cooperativas de alimentos o la figura que les dé gana para buscar como negociar con los mayoristas, crear centros de denunciar y organizar a los abogados para introducir una denuncia y demanda tras otra contra quienes abusan en los precios.

Ya es suficiente que un par de zapatos cueste lo que costaba hace dos años un vehículo o que una batería sea más costosa que el valor pagado por el carro que la lleva, ya basta que desaparezcan el maíz, la yuca o el queso para generar subidas de precio y que los ciudadanos lo sigan aceptando inermes, como si no fuéramos capaces de entender que es una infausta estrategia de mercado destinada a subir los precios y manipular la gente.

Es tiempo de que el país dé un viraje en lo político, buscando un proyecto que nos impulse a un mejor mañana, pero igualmente es tiempo que los ciudadanos, usted, yo, nosotros, demos un viraje y aprendamos a actuar como sociedad organizada, como pueblo pensante y no como una masa inerme que cualquiera manipula y maneja a su antojo y en su beneficio.   Y la clave para ello es la organización.  –   Gustavo Montaña