Canasta básica subió 212.343,18 bolívares en un mes

El montaje de la mentira

¿De qué hablamos cuando hablamos de dialogar?

En estos  tiempos de nuestra Venezuela del siglo XXI, nos ha tocado por esa ruleta del destino, vivir las cosas más inverosímiles y bizarras de la historia criolla, como un aumento del salario mínimo, el tercero en lo que va de año, que causa molestia, rabia y desesperación en los venezolanos, pues lo único que significa es un aumento general y desmedido en el ya absolutamente desaforado costo de la vida que debemos enfrentar.  

Con esa sonrisa que uno no sabe si pensar que es socarrona al extremo o cínica, el mandatario nacional nos anunció el fin de semana que ahora el salario mínimo que gana casi el 90 % de los venezolanos, ahora ronda los 250 mil bolívares -de esos que con la misma burla dieron en llamar fuertes-, además anunció la integración de muchos al plan de empleo joven o “Chamba juvenil” como lo llaman en apología a la ordinariez.    Anuncios que en una situación normal deberían alegrar a la gente, pero en las circunstancias actuales dan urticaria por no darle el nombre en vulgata.    Pues simplemente esos 250 mil, no llegan sino a la cuarta parte de lo que cuesta la cesta básica alimentaria en Venezuela, o sea un cuarto de la comida que se come una familia de 4 miembros.   Y de los ayudas como ese plan ni hablamos, pues ya tenemos una historia de 18 años de populismo de Estado donde sólo se puede destacar y con reservas el tema del pago a los jubilados, pues lo bueno es que cifra de asegurados  se incrementó, pero lo que ganan hoy día “los viejitos de la patria” no les alcanza ni para pagar las medicinas que no pueden conseguir.

Con desparpajo desde el alto gobierno nos venden hasta con cancioncitas y una mega campaña publicitaria  la constituyente comunal,  al tiempo que en la red oficial de medios se niega el hampa que tiene cifras que nos ubican dentro de los países con más crímenes en todo el planeta,  la carestía e inflación descomunal, que se achaca a una guerra económica, los presos políticos, que según ellos son delincuentes comunes, que sólo en estos tres meses suman 433, alcanzando casi a Corea del Norte, y mientras se niega la escasez de medicinas, la crisis asistencial, el hambre desmesurada y la desnutrición que se hace presente en nuestro pueblo por doquier, la frustración de nuestra gente y la pérdida de varias generaciones productivas, pues ya el éxodo de venezolanos al exterior ronda los 3 millones de personas, en su gran mayoría profesionales de 4 nivel y más.

El joven herido recibió un disparo cuando manifestaba en Altamira
El joven herido recibió un disparo cuando manifestaba en Altamira

Estamos en estos tiempos ante un descarado monje de la mentira, donde palabras como diálogo son simplemente un mecanismo para ganar tiempo, donde la democracia se entiende como aquí seguimos mandando  por las buenas o las malas y no importa lo que piense la mayoría, donde constitucionalidad y leyes son sinónimo de jueces controlados, juicios militares y traslados a la cárcel del Dorado de muchachitos por salir a trancar una calla y tirar unas piedras, mientras los sindicatos mineros matan en Bolívar todas semanas a decenas de personas, el hampa cobra cerca de 100 muertos semanales y el tráfico de drogas, corrupción, y delitos de todo tipo no son penalizados en forma alguna.

Donde la Fiscal general es acusada por no seguir las instrucciones de Miraflores de forma tan ajena a las leyes que este martes, el magistrado Danilo Mojica, integrante de la Sala Social del Tribunal supremo de Justicia (TSJ), decidió inhibirse en antejuicio de mérito de la fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz, que se realizará en la Sala Plena, explicando que dicho proceso judicial está mal orientado, porque en el mismo deberían calificarse delitos graves en lugar de faltas administrativas.  El magistrado de la Sala Social se ha pronunciado ya  en contra de las decisiones de sus colegas de la Sala Constitucional en ocasiones anteriores, debido al carácter político de las mismas.

En ese montaje de la mentira es tiempo ya que los venezolanos levantamos la voz de protesta, ejerzamos los derechos ciudadanos que nos vienen negando primero silenciosamente y ahora abiertamente  y por la calle del medio.   Hoy como nunca, tenemos nuestro futuro en las manos y lo que pase mañana dependerá de lo que decidamos hacer hoy, esta semana, este mes,  pues los tiempos nos han alcanzado y ya no podemos seguir siendo ni ni, ni no polarizados, ni nada de esas cosas, toca actuar cívica, pacíficamente, pero con firmeza para poder garantizar un país a nuestros hijos y nietos.

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