Los aeropuertos se han convertido en la sala de despedida de las familias venezolanas

La indetenible fuga de cerebros

Venezuela se ha manejado tan mal que hasta la gallina de los huevos de oro ya no sirve
Venezuela se ha manejado tan mal que hasta la gallina de los huevos de oro ya no sirve

Ante la adversidad tenemos la obligación de vida de poner buena cara y mejores intenciones, es una obligación de seres humanos con compromiso esforzarse más para tratar de salir delante de las dificultades que imponen los malos tiempos.   Esa es una práctica de vida que no debemos ni podemos perder.   Sin embargo en nuestra amada y golpeada Venezuela del siglo XXI, los malos tiempos tienen ya 18 años, donde poco a poco, paulatinamente y a veces sin darnos cuentas cada día la situación es peor que el anterior.

Las industrias básicas de Guayana notablemente deterioradas con una Sidor manejada por generalotes que vienen a sembrar maíz en las áreas de la empresa y a poner presos a muchachos bajándoles a punta de pistola de unidades de transporte público, no tiene  nada que ver con la empresa que producía más de 4 millones de toneladas de acero al año, ahora no se logra ni el 10 % de esa cifra, Venalum y Alcasa presentan situaciones igual de malas y cuidado si no peores.   Hasta la otrora increíble Edelca se destrozó y la capacidad de generación de electricidad en lo que fue uno de los proyectos más ambiciosos y de alcance del mundo está completamente amenazada.  Incluso el mayor negocio de Venezuela, la industria petrolera produce un millón y medio de barriles diarios por debajo de la capacidad declarada para el año, que está lejos de la meta de 5 millones de barriles diarios, nuestras refinerías explotan, se hunden las plataformas petrolíferas y los gasoductos estallan por falta de mantenimiento.

Como dicen los viejos de antes, tenemos el país apuntalado en 4 o 5 palos que medio lo sostienen, mientras la calidad de vida de todos se ha ido  al séptimo infierno de la Divina Comedia de Dante, pues tenemos la inflación, la escasez, la carencia de medicinas y de todo tipo de repuestos más elevadas del mundo, mientras que gozamos del salario que se ha aumentado más en el planeta pero que actualmente equivale apenas a unos 30 y poquito de dólares mensuales, mientras la canasta básica alimentaria pasa ya del millón de bolívares, de esos que burlonamente todavía algún personero del gobierno se dá el tupé de llamar “fuertes”, cuando son una de las monedas más devaluadas e inútiles del globo.

Los aeropuertos se han convertido en la sala de despedida de las familias venezolanas
Los aeropuertos se han convertido en la sala de despedida de las familias venezolanas

Ante tal panorama, agravado además por una de las tasas de criminalidad más altas del mundo y por la mayor tasa de impunidad del globo, donde la vida de nadie vale nada y los organismos de seguridad se usan es para perseguir, maltratar, encarcelar y asesinar a muchachitos que protestan en las calles; la respuesta ha sido contundente, el mayor éxodo en la historia de nuestro país, con cerca de 3 millones de venezolanos viviendo en cualquier otra nación del mundo, menos en la suya.

Y dentro de este cuadro tan aciago lo más grave viene a ser que la mayoría de los que se han ido son profesionales de cuarto nivel o más, pues de 67 mil docentes universitarios que teníamos hace unos años, los últimos estimados apenas rozan los 20 mil, habiéndose perdido ya más de la mitad del parque de científicos investigadores de la nación, que se han ido del país porque en Venezuela tenemos los docentes peor pagados del mundo y por su calidad se les abren las puertas en todas las demás naciones del continente que están superando sus estándares educativos gracias al éxodo de profesores e investigadores venezolanos.

Promociones completas de médicos, ingenieros, docentes, enfermeras y casi cualquier rama profesional que se le ocurra han dejado nuestra tierra, buscando simplemente el hecho sencillo de poder vivir y prosperar sin temor a que los maten en cualquier esquina o que se mueran de hambre son sus salarios  laborando en el país.  Familias fracturadas por doquier, con hijos, padres, esposos y hermanos separados por fronteras y barreras económicas, pues es casi imposible que familias completas puedan emigrar.

El bono productivo que gozó el país con la mayor población económicamente productiva de su historia, así como los cuantiosos e ingentes recursos de la multimillonaria renta petrolera que ingresaron en los tiempos de Chávez, simplemente se ha perdido para beneficio de otras naciones, y lo peor del caso es que todavía debemos escuchar que esto es producto de la guerra económica, que la salida es darle más poder a un gobierno que lo ha tenido todo y no ha sabido construir nada para su gente.

Venezuela padece una aguda fuga de cerebros, tiene partido el corazón de sus familias y quienes aún seguimos aquí, sufriendo todos los calvarios y males que se le puedan ocurrir, aún debemos enfrentar los días aciagos que se nos avecinan porque las mentes y espíritus entenebrecidos de una cúpula gobernante no son capaces de dejar el poder que han malutilizado.     Por ello, en este mes de julio del 2017, más que nunca, tenemos ponerle buena cara al mal tiempo, y buscar salidas mientras queda al menos la más pequeña de las esperanzas.

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