La democracia, un estilo de vida compartida

La democracia, un estilo de vida compartida

La democracia, un estilo de vida compartida

Por René Núñez

“Las democracias son capaces de sobrevivir solo cuando sean entendidas por sus ciudadanos”, decía Giovanni Sartori. Una sensata reflexión para darnos cuenta de lo que, a veces, perdemos como sociedad por no valorar ni distinguir lo bueno y lo malo. Ellas son perfectibles, nunca dejarán de demandar de sus ciudadanos sacrificios, comprensión para los acuerdos y ajustes a todo nivel.
En unas más que otras, suelen darse luchas encontradas entre el bien y el mal. Entre el más fuerte y el más débil. Produciendo deterioro de la poca o mucha calidad de vida social que pudiera tener en un momento determinado sus pueblos.
Cuando el mal es más fuerte que el bien. El bueno tiende a desgastarse y tener los mayores sacrificios en el intento de hacer pacífico al malo, mientras este último en su defensa propia, hace todo lo contrario, obliga al pacífico a entrar en el juego de la violencia, su instrumento de lucha.
Igual ocurre con cierta dirigencia, preocupada y ocupada fundamentalmente de cambiar a los actores del poder por otros. Sin embargo, sus mentes, sus hábitos de conducta no cambian. Una cultura no transformadora de los recursos que dispone en progreso y desarrollo humano sostenible y sustentable. Incluyente.
La democracia exige no sólo unas condiciones determinantes, que sólo se logran con el esfuerzo del conocimiento y de la técnica, sino además una armonización entre lo individual y lo social que sólo se consigue con capacitación y valores. En otras palabras, requiere de la emancipación del esfuerzo individual y colectivo de todos los ciudadanos, en el combate contra las desigualdades y anomalías características del poder, en lugar del culto al poder.

La democracia, un estilo de vida compartida
Ningún resultado es bueno si no ennoblece la vida humana de prosperidad, seguridad y bienestar. Misión de todo estado que se precie de democrático y social. La bondad de las acciones de los que lo dirigen no se ruega. Se ejercita y materializa con resultados justos y dignos.
El sistema de libertades funciona para bien, cuando se articulan: la institución pública (con autonomía, independencia y transparencia), el equipo de gobierno (capacitado y preparado para hacer las cosas de bien común con eficacia y decencia) y la sociedad civil (activada y empoderada de los espacios y derechos de libertades, de información, de expresión, de asociación y de participación). (http://elportachueloderene.blogspot.com/)

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