Solo el cambio de mentalidad de la sociedad puede generar un cambio de país

La apuesta mercenaria a todos los lados

El dinero como instrumento de poder siempre ha sido un motivante para las oligarquias
El dinero como instrumento de poder siempre ha sido un motivante para las oligarquias

Desde los inicios de la historia humana el tema del acomodo maniqueo de quienes tienen más que otros ha sido un constante, los antiguos jefes del comercio en Sumer apoyaban al jerarca militar que más fuerza tenía, mientras que los poderosos en Egipto no dudaron en traicionar al faraón hereje Amenofis IV y ayudaron a la nueva dinastía hasta a borrarlo de los registros, antes del advenimiento de Cristo, al que la gran mayoría de los comerciantes y poderosos del sanedrín condenaron por encima de un criminal como Barrabás mientras Pilato se  lavaba las manos, luego los nobles franceses se sumaron en pleno a la iniciativa de un juicio falso organizado por el rey Felipe “El Hermoso” contra la orden de los Templarios en la edad media y con ejemplos así podemos llenar infinidad de volúmenes hasta llegar a sucesos tan vergonzosos y trágicos como el auge de los nazis y el apoyo a la segunda Guerra Mundial.    Por eso se escucha con tanta frecuencia la frase esa de que “El capital no tiene patria”.

Esa suerte de apuesta mercenaria de los poderosos a las tiranías, gobiernos de facto, o quien sea que esté en el poder es habitual, como lo es igualmente que los mismos grupos de poder u oligarquías apoyen económicamente a quienes adversan al que gobierno en una suerte de juego doble, donde la idea es estar siempre con el que gana sin pensar en los beneficios de todos sino sólo en el bien propio o de su pequeño grupo.  La práctica inmortalizada en obras como “El Principe” de Maquiavelo y  “Fouche” de Stefan Sweig, ha sido con frecuencia nefasta para las sociedades humanas y las naciones.

En nuestro país e historia sin ir muy lejos  fue la moneda de uso de la sociedad mantuana, siempre acomodada con el que estaba arriba para seguir siendo la casta gobernante, la oligarquía en el poder, hasta que la guerra federal con su multiplicidad de caudillos militares  vino a sumar otras gentes y grupos a esta élite, siempre económica y algunas veces con personeros políticos, los únicos cambios y no muy importantes se dieron a partir de la llamada era democrática, hoy mal llamada cuarta república, cuando las oligarquías siguieron medrando a la sombra del poder, pero se amplió la base social a través de la masificación de la educación y el crecimiento de la llamada clase media, productiva y pensante, que alimentó y movió los engranajes de la nación.

Ahora, en nuestra Venezuela del siglo XXI, la historia vuelve a lo de siempre, con nuevas gentes en el gobierno y el usufructo del poder desde hace casi dos décadas, la  oligarquía criolla simplemente ha cambiado de bando, se puso – con contadas y honrosas excepciones-, como siempre del lado del que está arriba, succionando los beneficios  que saben manejar y mover como pocos.   Algunos dirigentes han llamado “enchufados” a la nueva “boliburguesía” que ha surgido en estos tiempos, pero si revisamos con detenimiento muchas son las caras de siempre, y si bien hay unas cuantas nuevas, que incluso por la magnitud de lo expoliado han ingresado a las filas de la oligarquía global – al club de los milmillonarios-, las prácticas siguen siendo las comunes.

Y precisamente una de esas prácticas comunes de todos los tiempos, es apostarle a todos los bandos en pugna, así como los industriales alemanes y franceses aportaban dinero y negocios al nazismo, igualmente enviaban recursos a través de terceros a los partisanos de la resistencia y hasta gobiernos soberanos como el inglés.   Lo mismo ocurre en estos tiempos en las tierras criollas, siempre hay gente que da para comprar armas de represión y al mismo tiempo apoya con recursos y logística cualquier manifestación disidente opositora, llámese partido político o simplemente “guarimba”, la intención es doble, mantener el caos donde los ricos siempre se hacen más ricos y buscar un nuevo orden donde puedan hacer mejores negocios.

Solo el cambio de mentalidad de la sociedad puede generar un cambio de país
Solo el cambio de mentalidad de la sociedad puede generar un cambio de país

La historia humana está plagada de mercenarios enriquecidos, de idealistas martirizados y de sociedades sometidas a los abusos de todos; son pocas las naciones contemporáneas que han logrado un cierto equilibrio que garantiza excelentes condiciones de vida a la mayoría dentro del juego de los poderes, si bien hay muchas más que ofrecen a su gente al menos buenas condiciones para vivir y posibilidades de crecimiento.    Elementos ambos ausentes en nuestra tierra, donde las condiciones de vida son las peores del continente, igualadas a las Haití la nación más pobre y caótica de América, porque ahora como nunca en los últimos 100 años,  somos una muy pobre nación rica.

La situación reclama un cambio, que no va a venir desde las oligarquías, concebidas y forjadas para mantenerse, sino desde ese gran colectivo se llama sociedad, que tiene que avanzar madurando su forma de pensar y actuar ante la realidad, desmontando las estrategias publicitarias de todos los bandos y  discerniendo como pueblo; uno que debe establecer nuevos  compromisos generales, como el rescate y fortalecimiento de la familia sometida a un proceso de deterioro constante de más de 20 años, el impulsar realmente la educación en todos los niveles  y el comprender que todos los ciudadanos son unidades productivas vitales e importantes para el tejido social, un tejido que requiere nuevos acuerdos entre todos los sectores que lo conforman, que requiere la participación consciente de todos y compromisos  conjuntos para poder lograr  esbozar un país de avanzada y progreso, como no tenemos y nos hace mucha falta.

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