31-05-17 F3

La esperanza que nos fortalece

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Hay una palabra en inglés con  un sonido pacificador y un significado que nos llena de gracia, para mi esa palabra es Hope, que traducida significa nuestra maravillosa esperanza, ese  estado de ánimo optimista basado en la expectativa de resultados favorables  hacia las circunstancias de nuestra  propia vida o el mundo  a nuestro alrededor.    Ese que nos llena de fuerza y convicciones positivas cuando las realidad no son las mejores y los resultados no parecen los más prometedores.

Por eso en estos tiempos de desánimo, de profunda convulsión y mayor crisis, cuando lo habitual es escuchar a todo el mundo usando de manera negativa la  hipócrita frase que se ha convertido en lema del gobierno regional “y viene más”,  usada siempre para señalar que todo puede estar peor, como una suerte de ley de Murphy -que dicho sea de paso parece completamente aplicable a las condiciones de Venezuela-.  Para mi tiene más importancia todavía la palabra hope-esperanza.   Porque de ella salen fuerzas en la flaqueza, capacidad en el bloqueo, deseo de avanzar en el desánimo, risa en la tristeza y convicción del amor en la soledad y el abandono.

Hoy cuando la noche está más oscura y podemos pensar con facilidad que todo lo malo que pueda suceder sucederá, por nuestra salud interna, nuestro equilibrio y por la fé en Dios es cuando más tenemos que creer en lo que no vemos, tener la esperanza de un cambio a la vuelta de la esquina.   Hoy tenemos que empezar a hacer el inventario de nuestras fortalezas y capacidades para potenciar nuestro desempeño, para dar un esfuerzo extra y ver cómo nos engranamos como sujeto activo en ese todo que es la sociedad.

Debemos entender que los cambios se dan con o sin nosotros, son procesos de la vida y el devenir, pero podemos tomar la decisión de ser parte de esos cambios, de ser sujetos activos y protagonistas que ayudan a favorecerlos, comprendiendo primero nuestro rol, desde la posición que sea que ocupemos por nuestra profesión, convicciones o capacidad de aporte.   La esperanza no significa sentarse a ver como otros hacen lo que creemos que se debe hacer, ni criticar lo que pensamos que se hace mal, la esperanza nos lleva a actuar, si no estamos de acuerdo con los políticos, podemos comenzar a ser actores políticos desde nuestros hogares, barrios y urbanizaciones, si tenemos capacidad de organizar tenemos que ayudar a otros a hacerlo y participar con ellos.

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El diccionario de la RAE define la esperanza como «Estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea», esa visión, amigos míos,  primero que nada  es una imagen en nuestra mente, algo que no existe, como son los planes y proyectos, lo que uno desea hacer de algo que no se ha hecho para llegar a un sitio determinado en unas condiciones particulares.

Con ese pensamiento de visionario encantador que poseía el gran pedagogo brasilero Paulo Freire, planteó hace tiempo ya, la pedagogía de la esperanza  que se refiere a esta como una necesidad vital, lo que nos mueve, lo que nos marca una dirección.    Por ello precisamente es que uno de los primeros blancos de ataque de todo régimen autoritario, dictatorial u oligopolio vario, siempre es la esperanza del colectivo, una cosa que hay que acabar, atacar, destruir, conquistar o engañar simplemente con cantos de sirena y paraísos de plástico y neón.

Por ello suena tanto ese tenebroso “Y viene más”, y todos sin darnos cuenta nos hacemos eco de una campaña bien estructura y pensada para matar nuestros sueños e ilusiones, para encerrar en una prisión olvidada la esperanza, porque ella en sí misma, ya es liberadora, es una disidente  eterna y una transgresora en potencia, pues nos impulsa a creer e imaginar cosas mejores y eso casi siempre nos lleva a actuar en consecuencia.

En el libro de Jeremías 29:11, la Biblia: “Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza.”  Debemos estar convencidos de ello, pensar en lo que vamos a hacer para superar los problemas, en como creceremos cuando las condiciones cambien y durante las crisis, debemos comenzar a reconstruir el país desde ayer, no dejarlo para mañana, pues el trabajo iniciado a tiempo rinde mejores frutos.    Debemos convencernos que cada uno de nosotros es un agente del cambio, un generador de nuevos mundos, un constructor de esa Venezuela que soñamos, queremos y anhelamos.   “Hope we are all”   reza una frase de un poema de Walt Whitman , esperanza somos todos se traduce, y yo lo creo cada día, pero además de creerlo les propongo a todos que hagamos nuestro esfuerzo para convertirla en realidad.  Que tengan un esperanzador día.