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El carnet de la exclusión

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La historia reciente de la humanidad, recuerda con pena, tristeza y gran vergüenza la larga lista de acontecimientos que terminaron conduciendo a la mayor matanza que ha conocido  nuestra raza, la segunda guerra mundial, donde alrededor de 55 millones de personas perdieron la vida, diversas naciones tienen estos hechos grabados en su psique colectiva, como ocurre con Alemania, Israel, Francia e Inglaterra. 

Pero a pesar del gran impacto de este hecho en la historia colectiva, en el mundo que conocemos, las naciones del planeta parecen olvidar los detalles y los procesos que condujeron a ese desastre de magnitudes colosales.    Hay memoria de los guettos de polonia, de los campos de concentración, de batallas como Midway, Guadalcanal, el desembarco de Normandía y el bombardeo a Inglaterra, infinidad de películas las recuerdan.     Pero otros hechos como el auge del autoritarismo y populismo que fomentó y alimentó al partido Nazi alemán, a los fascistas italianos camisas negras de Musolini y a los generales sin piedad de Japón, se han echado en un conveniente olvido, porque son una receta para los autoritarismos y dictaduras de todos los tiempos.

Y de la misma manera que el mundo permitió el auge y empoderamiento del nacismo y la creación del eje fascista que nos llevó al borde del desastre, asimismo, se permiten y con gran frecuencia se fomentan y apoyan en silencio los pasos de los autoritarismos en todo el mundo.   Así el 15 de septiembre de 1935 en el séptimo congreso anual del partido nacional socialista alemán, se presentaron las leyes de Nuremberg, edictos de carácter racista y antisemita donde se determinó lo que sería la exclusión y posterior matanza de los judíos en Alemania, todo esto ante una Europa y América que no dijeron absolutamente nada.    4 años después estalló la segunda guerra mundial y se produjo el tremendo genocidio nazi.

En nuestra Venezuela del siglo XXI ha sido noticia de las últimas semanas la disposición que ha circulado en las páginas web del Ministerio de Educación Superior, donde se establece que el carnet de la patria es uno de los mecanismos para que los nuevos bachilleres de la república, puedan ingresar a las universidades nacionales.   Poco a poco, en distintas instancias públicas vienen exigiendo el carnecito para entregar medicinas, en algunos sitios es un requerimiento para entregar pasaportes o cédulas, para abrir cuentas en la banca del estado y para los trámites más diversos, comenzando por la bolsa del Clap.

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Poco a poco el carnet de la patria se está convirtiendo no es un auxilio social para la gente de menores recursos – como lo vendieron a la opinión pública nacional-, sino en un instrumento de control, dominación y exclusión del gobierno, para identificar a todos los que no son de su gente, pues el carnet se ha usado para los procesos electores del PSUV, para las pasadas y muy dudosas elecciones de la Asamblea Nacional Constituyente, y  continuamente lo piden cuando entregan los esporádicos paquetes del Clap que llegan a diversos lugares de Venezuela.

Las leyes de Nuremberg fueron una postura oficial racista, excluyente y delictiva que auguraron una tragedia no sólo para los judíos, sino para Europa y todo el planeta, pues la guerra terminó librándose en los cinco continentes en mayor o menor medida.    El mundo entero se hizo el loco con estos edictos, que fueron una de las raíces del mal que afectó hasta la tragedia al siglo XX.   El carnet de la patria, que no está  comprendido ni establecido en ningún punto de nuestra carta magna, viene a ser un elemento de exclusión, de persecución , de control autoritario que se viene aplicando en Venezuela ante la mirada impasible del mundo, de los organismos multinacionales que simplemente levantan quejas diplomáticas o dan declaraciones a veces destempladas.

Así como en la Alemania Nazi millones de judíos murieron, en Venezuela cada día, cada año que ha pasado se suman los ya incontables muertos por el hampa, la inseguridad, entes del gobierno, por la falta de medicinas, la pobreza extrema, el hambre, las endemias que se han vuelto a apropiar de la nación, las enfermedades crónicas que no pueden ser tratadas, por las depresiones y estrés que sufrimos todos.   Solamente el año pasado producto de la delincuencia 26 mil personas perdieron la vida, no sabemos cuántos enfermos murieron por falta de medicamentos ni cuantos fallecieron por hambre.   En lo que va de 2017 en la situación de alta conflictividad que atraviesa el país sumamos más de 200 fallecidos, miles de heridos, y centenares de detenidos.   Los medios de comunicación públicos están contados y en descenso desde hace años, hasta los canales privados que llegan a nuestros hogares por los servicios de cable son retirados de la parrilla por el gobierno, y ahora nos vienen con que el carnet de la patria, es el requisito para entrar a las universidades.

Algunas como la UCV lo han rechazado haciendo uso de la autonomía que el gobierno está tratando de retirarles hace tiempo.   Hoy el carnet de la patria es el carnet de la exclusión.  El mundo se sigue haciendo el loco en parte frente a lo que ocurre en Venezuela, pero lo triste es que en nuestro país, mucha gente se haga la loca, no diga, lo acepte y lo calle, cuando simplemente se violan los derechos de todos.  Ya las barbas de nuestros vecinos ardieron ¿Hará falta algo más?