Moverse de un lado a otro es sumamente caro. complicado y peligroso

Presos en Venezuela por falta de transporte

El transporte se ha convertido en una tortura y martirio nuevo para los venezolanos
El transporte se ha convertido en una tortura y martirio nuevo para los venezolanos

Los antiguos  griegos tenían una terrible forma de penalizar a los ciudadanos que consideraban habían transgredido sus leyes  de polis o las convenciones sociales, citaban al interfecto a una reunión del  Ágora – que vendría a ser como una elección ampliada- y allí, frente a todos le entregaban el  ostrakon, un pedazo de cerámica con forma de concha marina, donde se anotaba su nombre y el tiempo que estaba desterrado de la vida pública o la región.   De ese castigo entre moral y geográfico que se aplicaba a los ciudadanos griegos, viene la palabra ostracismo de hoy que la utilizamos para referirnos a alguien a quien se quiere aislar o desterrar de nuestra realidad.

Antes era una suerte de castigo de moral, hoy en nuestra Venezuela del siglo XXI estamos viviendo una suerte de ostracismo a la inversa, o más bien como dijo  hace unos años el fallecido Pompeyo Márquez, “estamos sometidos a una suerte de cárcel sin rejas ni candados, impedidos  hasta de desplazarnos por el país como les pasó a los cubanos”, y vale señalar que la frase de Don Pompeyo es del año 2015, cuando estábamos lejos de la crisis de transporte que hoy atraviesa la nación dentro de las múltiples aristas del  terrorífico panorama  económico de la nación.

Pues  precisamente por allí empieza la cosa, la falta de divisas para todo lo que viene de afuera, el 86 % de todo lo que se consume en los diversos campos de la vida cotidiana, ha hecho que las flotas de transportes, urbano, extraurbano, pesado, fluvial y muy especialmente el aéreo no tengan dólares para comprar los necesarios repuestos que reclama su uso continuo, por lo que poco a poco se ha ido paralizando.   El sindicato del transporte afirmaba en mayo que el 73 % de toda la flota urbana y extraurbana de transporte público está parada por falta de repuestos.  Amén de esto la flota aérea está reducida a su mínima expresión por el mismo tema de falta de dólares para sus refacciones, que además son costosas, a lo que se suma un control de precios que lo único que ha hecho es fomentar los arreglos irregulares  para conseguir uno de los escasos cupos y el matraqueo descarado que quintuplica como mínimo el precio del pasaje supuestamente controlado.

El panorama hacia el exterior es igual de negro pues más del 60 % de las aerolíneas que volaban para y desde Venezuela ya dejaron de hacer y conseguir un vuelo para el exterior es una odisea digna de ser cantada por un nuevo Homero.

Moverse de un lado a otro es sumamente caro. complicado y peligroso
Moverse de un lado a otro es sumamente caro. complicado y peligroso

En síntesis, para nosotros los venezolanos, movernos dentro y fuera de la patria es una epopeya que deja chiquita y en pañales – de esos que no hay-  a la comunidad del anillo, ir de Guayana a Caracas es imposible, pues casi no hay autobuses que viajen, cuando lo hacen debemos irnos en la madrugada al terminal a comprar un pasaje que se paga estrictamente en efectivo, lo que ha creado una mafia de asaltantes que todas las mañanas embroman a varios pasajeros cuando llegan antes del alba al terminal para buscar un pasajito.   Si uno tiene la suerte de embarcarse, hay que encomendarse a Dios, porque son numerosos los autobuses que son asaltados por bandas armadas en las carreteras que dejan hasta sin zapatos y sin ropa a los pobre pasajeros, y en algunos casos violan y matan al que les provoca.

Si impelidos por la necesidad debemos viajar aunque sea de pedacito en pedacito de tramo, la cosa es igualmente terrible pues los 30 o 35 mil en efectivo que debíamos llevar para un pasaje en autobús, se convierten fácilmente en 120 o 150 mil bolívares sumando las tarifas arbitrarias que fija cada grupo de choferes de carritos.    Aquí entramos en plena lotería, si tenemos suerte nos toca uno que maneje con cuidado, pero si no nos podemos ir con un mal emulo de Pastor Maldonado.

Nos queda la opción de contratar un carro para un viaje  expreso, que de Guayana a Caracas está cobrando entre 800 mil y un millón de bolívares  en tarifas a la semana pasada, o sea que pueden haber cambiado.    De los aviones ni se los recomiendo, porque puede pasarse dos semanas esperando un cupo así tenga el pasaje reservado y pagado, pues la práctica del matraqueo y la escasez de flota ha hecho que volar sea un acto de magia o un descarado y desmedido “bajese de la mula”.    Si por casualidad la pegamos y tenemos carro y además funciona bien y tiene cauchos buenos, podemos lanzarnos a la aventura de irnos por cuenta propia, lo que es otra lotería porque las vías del país están destrozadas.

En síntesis estamos presos en nuestros pueblos y ciudades en una suerte de condena de ciudad por cárcel, con un país en plena era de la globalización y el transporte que se encuentra tan aislado y con tantas dificultades para moverse como en la primera mitad del siglo XX cuando se comenzaron a construir las carreteras de la nación.   Estamos sencillamente presos por falta de transporte.

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