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El Cruz Diez de las lágrimas

Como el moxaico de Cruz Diez el país está deteriorado y abandonado a su suerte
Como el moxaico de Cruz Diez el país está deteriorado y abandonado a su suerte

Todos los venezolanos conocemos la magnífica obra de mosaicos que se convirtió en el ícono de nuestro aeropuerto Internacional de Maiquetía, mostrando al mundo la calidad  y talento de nuestros artistas, hoy llamado por muchos el mosaico de las lágrimas, pues es precisamente en este pasillo del aeropuerto donde centenares de miles de padres y familiares han despedido a sus hijos y seres amados en la dolorosa diáspora impuesta a los venezolanos por la falta de seguridad, de empleo, de medicamentos, de oportunidades de vida y hasta de estudio para las nuevas generaciones.

La emblemática obra del destacado artista criollo  era la colorida salida al mundo de los venezolanos que iban al exterior y la llamativa recepción de quienes nos alegrábamos al volver a pisar el territorio nacional, sacando casi siempre una sonrisa y esa agradable sensación de al fin estoy en casa.   La obra   denominada “Cromointerferencia de color aditivo”, se construyó entre  1974 y1978, ocupando un área de 2.608 metros cuadrados, siempre ha sido un estallido de color y vida en la terminal aérea,  pero hoy es fiel reflejo de lo que ocurre en Venezuela, de la falta de gestión y cuidado que ha producido este enorme éxodo de venezolanos que los más comedidos estiman ya en casi 3 millones de personas.   Y es que precisamente la  imponente obra de arte, en analogía con el país, presenta ya 43 espacios donde faltan los coloridos mosaicos sin que nadie se ocupe de repararla aunque se vienen presentando estos daños por deterioro desde el 2012, hace cinco años.

Esta obra  de Cruz Diez, el mosaico de las lágrimas, es el lugar donde infinidad de familias se da su adiós por tiempo indefinido, donde los padres y abuelos  criollos nos quedamos huérfanos de hijos y nietos, con la tristeza plena de una despedida que no sabemos hasta cuando será, dejando allí en el surco de unas lágrimas incontables cumpleaños, fiestas de navidad, días de la madre y del padre, o simplemente la alegría de recibir en nuestras casas a esos seres bulleros y maravillosos  que son todos nuestros hijos.    Todas las mamás lloran cuando se van sus muchachos, pero además lloran cuando ven a las otras madres llorar, porque conocen desde el fondo de su corazón el trance y la pérdida que vive cada una.   Y lo peor de todo es que a pesar de la tristeza desgarradora, todos se alegran por los que se van  aunque sea a lavar a platos, simplemente porque allí, donde quiera que sea que van, pueden tener un chance para la vida, que cada día se hace más difícil en nuestra Venezuela.

Destrucción, adioses, pérdidas y separación , parece el mayor legado de la "revolución" en Venezuela
Destrucción, adioses, pérdidas y separación , parece el mayor legado de la “revolución” en Venezuela

La destrucción del mosaico de Cruz Diez ante la total indolencia de las autoridades aéreas y del gobierno, es una muestra de lo que ocurre en el país, donde todo se va  cayendo a pedacitos sin que  quienes gobiernen se ocupen de hacer nada para evitar que eso ocurra.   Hecho que por si sólo explica sobradamente la causa del éxodo de millones de venezolanos que ahora pululan por todo el mundo.     Por el mosaico de las lágrimas se han ido nuestros muchachos, nuestros médicos, profesionales brillantes, investigadores de todos los campos, científicos y profesores de las universidades; por allí caminaron y lloraron nuestros músicos y artistas, nuestros niños de corta edad y la gente que nos hace falta para reconstruir una Venezuela que está como el mosaico, cayéndose a pedacitos.

De ser tradicionalmente un país de acogida o receptor de inmigrantes, Venezuela llamada  la cuna de américa por los españoles, portugueses e italianos en la mitad del siglo XX pasó ahora a convertirse en  la mayor generadora de migrantes del continente.   Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), para el 2015 habían salido de Venezuela 606.281 personas, la cifra se ha multiplicado extraordinariamente en los dos años transcurridos. Mientras l a Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), se asegura que se ha presentado un aumento del 8.828% en el número de solicitudes de asilo por parte de venezolanos. Mientras en el 2012, según la misma ACNUR, 505 venezolanos habían aplicado a esta figura, en el 2016 este número llegó a los 34.200 y la cifra del 2017 es infinitamente superior.

Solamente  en Migración Colombia, al 5 de julio de este año se reportaban 455.000 venezolanos tramitando la tarjeta de movilidad fronteriza, y el 52% de ellos ingresaron a territorio colombiano a comprar “medicinas o alimentos”.  Hoy cada día pasan al vecino país cerca de 30 mil venezolanos.

Lo más increíble de todo esto, es que el gobierno nacional hace en torno a este problema, a esta herida abierta en millones de hogares criollos, lo mismo que hace frente a la destrucción de la obra   “Cromointerferencia de color aditivo” de Cruz Diez, nada en lo absoluto, porque evidentemente no les importe lo que le pasa a nuestra gente, simplemente ven ese éxodo cono enemigos que se están  yendo  y no los van a fastidiar, al mejor estilo de la Cuba de los Castro.    Eso nos indica claramente que sólo hay una vía para recuperar este fastuoso mosaico de Cruz Diez y el país, un cambio total de quienes ven con indolencia y sin preocupación el desmembramiento de las familias y de todo el país.