El talento que todos podemos construir

El talento que todos podemos construir

La antigua moneda Griega y Romana conocida como Talento
La antigua moneda Griega y Romana conocida como Talento

Wikipedia. Que todo lo sabe;  nos habla de la palabra Talento, que hoy quiero compartir con ustedes,  la acepción proviene del latín talentum, y este del idioma griego τάλαντον, que originalmente significaba  plato de la balanza, peso[1].  El diccionario de la RAE nos da 4 definiciones de la palabra: 1. m. inteligencia (‖ capacidad de entender). 2. m. aptitud (‖ capacidad para el desempeño de algo). 3. m. Persona inteligente o apta para determinada ocupación. 4. m. Moneda de cuenta de los griegos y de los romanos.

En la etimología de esta acepción del término, destaca especialmente en su historia la última de las definiciones, pues  del hecho que existiera esa unidad monetaria del mundo antiguo, llamada  talento, fue que la palabra que adquirió fama por su mención en la Biblia, especialmente  la parábola de Jesús sobre  los talentos (recogida en Mateo 25:14–30; Lucas 19:11–27).    De  su conocimiento, interpretación  y uso  es que deriva la primera de las definiciones,  inteligencia, la segunda aptitud (capacidad para el desempeño o ejercicio de una ocupación) y por supuesto hace sobreentender la tercera de las definiciones de la palabra, que andando el tiempo se convirtieron en las tres primeras acepciones destacadas por orden de importancia  en el diccionario de la R.A.E. de la lengua,  situación que por cierto se repite en otras lenguas como el inglés, italiano y francés.

Don José Ingenieros en su interesante libro “El hombre mediocre” plantea una diferenciación entre genio y talento, de la siguiente manera: ” (Nordau) Llama genio al hombre que crea nuevas formas de actividad no emprendidas antes por otros o desarrolla de un modo enteramente propio y personal actividades ya conocidas; y talento al que practica formas de actividad, general o frecuentemente practicadas por otros, mejor que la mayoría de los que cultivan esas mismas aptitudes.”[2]   Uno de los muchos pensamientos que nos destacan el talento como un potencial o aptitud especial de las personas en determinado campo.   Así se habla del talento musical excepcional de Paganini como ejecutante del violín o la genialidad de Mozart o Beethoven en la composición.

El talento para ciertas cosas puede ser una herencia genética, lo que significa que los hijos de personas estudiosas o músicos pueden resultar personas de talento excepcional en esos campos, aunque puede pasar exactamente lo contrario.    Pues resulta que el talento se puede adquirir mediante el aprendizaje y la práctica, como ocurre con enorme frecuencia en el campo de los deportes, donde la preparación es la que hace a los talentosos héroes de las olimpiadas al estilo de un Rubén Limardo o un genial Michael Phelps.   Por ello hay un talento intrínseco que es heredado y uno aprendido, que puede llegar a la máxima expresión dependiendo de la práctica y la dedicación.

Eso significa que es algo que nos puede caer por genética o que podemos cultivar.    El talento como en la maravillosa parábola de la Biblia es en definitiva un don del cielo al alcance de todos, para unos de balde y porque sí y para otros producto de la constancia y preparación.

El talento termina a la larga siendo una decisión personal, pues es por encima de todo una manifestación de la inteligencia emocional de cada uno de nosotros y eso significa que podemos  construirnos un talento en casi cualquier campo que deseemos emprender.   Indudablemente para algunos será muy fácil y para otros el camino será arduo, pero será la constancia la que permita cosechar el talento, desde la ejecución de un instrumento musical, hasta la palabra, la escritura, el acto del pensamiento, la gerencia o el amor a los demás.

El talento que todos podemos construir

Mucha gente se queja cotidianamente de que no posee talentos especiales, y es muy posible que muchos de nosotros vengamos a este mundo sin esa herencia genética de talento en infinidad de campos, pero todos tenemos en nosotros el potencial para aprender un talento a través del trabajo y el esfuerzo.   Al célebre escritor francés Víctor Hugo, padre de esa magnífica y universal obra llamada “Los Miserables”,  decía: “Inspiración y genio son casi la misma cosa, pero el talento sale del trabajo continuo”. El gran compositor ruso   Piotr Ilich Chaikovski, compositor de “El Lago de los Cisnes” entre muchísimas piezas famosas escribió que “ La inspiración es un huésped que no visita de buena gana al perezoso.”   Y uno de los mayores inventores de todos los tiempos y padres de nuestro tecnológico mundo moderno Thomas Alva Edison dijo : “El genio es uno por ciento de inspiración y un noventa y nueve por ciento transpiración.”

O sea que la responsabilidad de cultivar un talento es responsabilidad de cada uno, somos nosotros los que determinamos con decisiones nuestro potencial, como además con confirma la parábola de los talentos, donde un amo reparte dinero a tres criados y al pasar el tiempo regresa a ver que hicieron con él premiando a los que lo multiplicaron y castigando al que no hizo nada.  La parábola termina así en los versículos 29 y 30 del capítulo 25 del Evangelio de San Mateo:  “29 Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. 30 Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.”[3]

Todos tenemos el potencial otorgado por Dios en los talentos que cada uno posee o puede construirse, nosotros decidimos si lo hacemos o no.  ¿Cómo están tus talentos hoy?  ¿Qué has hecho con ellos?

[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Talento_(aptitud)

 

[2] Ingenieros, José.  “El hombre mediocre”, Fondo de Cultura Económica.   México, Ciudad de México. 1993. 

 

[3] Biblia Versión Reina Valera 19.  Sociedades Biblicas Unidas.  Argentina. Buenos Aires. 1998.

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