Gobernadors y candidatos de oposición desconocen resultados manipulados

Sobre el azote y la crítica

Cuando el ventajismo se hace norma

Las recientes elecciones de gobernadores con su lamentable saldo de incomprensibles victorias  para el oficialismo cuando la situación económica, social, de salud, de inseguridad y  en todos los órdenes es la más grave que hemos sufrido en Venezuela en los 18 años de gobierno revolucionario no tiene más que una explicación posible; un sistema electoral amañado y unas instituciones completamente plegadas al poder ejecutivo, que se ha ocupado de construirlas a su imagen y semejanza por decisión del comandante intergaláctico,  lo que  responsable de la debacle que hoy vivimos aunque todavía queden nostálgicos irresponsables que traten de decir que con ese caballero se vivía mejor.

Ahora bien, más allá de dejar claro el punto quiero llegar al tema que me preocupa en estos días, y es látigo verbal con el que se flagela continuamente a la ya muy vapuleada clase política responsabilizándola de la pérdida de las gobernaciones, de las elecciones amañadas, de mala direccionalidad del conflicto y poco falta para que los acusen también de la crucifixión de Jesucristo.   Aquí me quiere detener unos instantes, pues no se trata de defender una dirigencia política que a juro tiene que cambiar su concepción ramplona, personalista, interesada y falta de coherencia que mantuvo durante la cuarta república y no ha podido cambiar en esta quinta.   De lo que se trata es que los venezolanos son sentemos con claridad ante la realidad del país que tenemos, donde las libertades democráticas hace tiempo que sólo son una ilusión para el mundo y para los muchos inocentes en el país que aún se empeñan en creer en hadas y minotauros. Cuando nos encontramos es frente a tigres y rabipelados  gigantes.

El punto no es enjuiciar a la dirigencia de oposición porque acudió a las elecciones regionales, pues si simplemente no hubieran acudido no solamente  el 100 % de las gobernaciones habrían pasado a las manos del chavismo, como de hecho está ocurriendo ahora , sino que simplemente no se habría dejado constancia del fraude electoral que ha tenido lugar en el país, típico de las dictaduras  de todo el mundo, como ocurre con Robert Mugabe que desde el 97 manda en su país africano, con los Castro que por más de 50 años han mandado en Cuba, con Kim Jong Ung en Corea del Norte, como pasa con el mismo Vladimir Putin en Rusia, con Erdogan en Turquía – donde aplican las mismas formulas probadas en Venezuela- y como ocurrió con dictadores históricos como Rafael Leonidas Trujillo, Alías el “Chivo” en  República Dominicana, con Pinochet en Chile y Videla en Argentina.

Todas esas dictaduras realizaron elecciones y mantuvieron o mantienen una apariencia de democracia ante el mundo, que es aceptada por conveniencia en la comunidad de naciones, donde siempre los intereses particulares son más grandes que los del planeta y la raza humana.

Evidencias del fraude denunciado en Bolívar con Velásquez protestando

En Venezuela sin embargo, al haber acudido a las elecciones donde más de 700 mil venezolanos quedaron incapacitados para votar al mover 274 centros electorales a última hora, donde se usaron todas las armas del ventajismo gubernamental que entran dentro de la definición de fraude electoral, donde incluso se han forjado  cifras electrónicas que no compaginan con las actas de las máquinas de votación otorgando votos al candidato del oficialismo  –  como se refleja especialmente en el caso de Bolívar-.  Simplemente el fraude y manipulación electoral ha quedado desnudo y a los ojos del mundo; agravado incluso por toda la presión de obligar a juramentar a los cinco gobernadores opositores que dejaron  ganar ante una inconstitucional e ilegal Asamblea Nacional Constituyente bajo la amenaza de destituirlos.     Con esto el gobierno ha demostrado el autoritarismo y violación a la Carta Magna abiertamente,  ante el planeta, del que por cierto no se puede esperar mucho todavía.

Lamentablemente la nueva frustración de los venezolanos se ha canalizado hacia el azote y la crítica destructiva y mordaz contra nuestra oposición política, como si ellos fueran los responsables del fraude, criticando las posturas, la asistencia al proceso y hasta culpándoles del caos económico que vivimos.   Y eso sí que representa un enorme triunfo para el gobierno, pues logra así matar las esperanzas de un pueblo que contra todo pronóstico, dando un ejemplo de civismo mundial, a pesar de todos los abusos y daños que ha recibido, sigue  buscando las vías ciudadanas y electorales para salir de un mal gobierno y evitando la espiral de violencia a la que desde hace más de una década se nos empuja desde quienes detentan el poder.

Nuestra clase política tiene que cambiar, no es la que reclama un país y una situación como la que vive nuestra Venezuela del XXI desde hace años, pero para que eso pase todos y cada uno de nosotros tenemos que convertirnos en protagonistas de nuestras comunidades, unirnos en proyectos y acciones conjuntas, discernir claramente  la realidad e incidir en ella.   Nuestra clase política no es buena, pero nosotros hemos dejado la representación en sus manos esperando que otro nos solucione el problema.   Tenemos que dejar la criticadera y el azote verbal para comenzar a accionar como ciudadanía organizada, para saber que la única forma de enfrentar al totalitarismo es conformarnos en un sólido y monolítico bloque que camine en una sola dirección, concertada en una discusión que debe comenzar en cada urbanización, barrio y comunidad de nuestro país.   Dejemos de culpar a otros y vamos a ver que hacemos juntos.

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